EL Mundial '78 en Dictadura: cómo se narró la "fiesta del fútbol" en las páginas de EL LIBERAL


EL Mundial '78 en Dictadura: cómo se narró la "fiesta del fútbol" en las páginas de EL LIBERAL
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Un recorrido por las páginas del diario EL LIBERAL durante mayo y junio de 1978 permite reconstruir cómo se narró el campeonato del mundo desde Santiago del Estero: héroes deportivos, orgullo provincial, fuerte presencia publicitaria y el puño nefasto de la Dictadura militar que sembró la censura y el terror como tentáculos que dominaron todas  las instituciones del país en aquellos años oscuros de la Argentina a partir de 1976. Este 24 de marzo de 2026 se cumplen 50 años del inicio de aquella  pesadilla.

 
Inicio

 
En junio de 1978, Argentina fue sede de la Copa Mundial de Fútbol en uno de los momentos más complejos y dolorosos  de su historia. El país atravesaba el denominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), la dictadura cívico-militar, instaurada tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Bajo el mando de una Junta Militar se implementó un régimen de terrorismo de Estado caracterizado por la represión sistemática, la desaparición de 30.000 personas y una profunda transformación económica y social que conculcó derechos y sometió a toda voz que intentara alzarse en su contra, con honrosas excepciones.

 
En ese contexto de violencia y control, el fútbol fue convertido por la Junta en un espacio de celebración colectiva y en una vidriera de proyección internacional. Mientras puertas adentro se imponían el silencio y el miedo, hacia el exterior se buscaba mostrar una imagen de orden y unidad nacional.

 
A partir del análisis de las publicaciones del diario EL LIBERAL de Santiago del Estero correspondientes a mayo y junio de 1978, esta investigación se propone responder una pregunta central: ¿cómo se narró el Mundial 78 desde una provincia del interior del país en Dictadura? El recorrido por las páginas del archivo permite observar discursos, publicidades, miradas de género y también silencios impuestos por la fuerza sobre el contexto político, aunque hubo como se verá más tarde, publicaciones de EL LIBERAL que sirvieron para confirmar diversos hechos en los juicios a las Juntas.


 
Las páginas del Mundial en el archivo del diario


 
La colección analizada reúne 30 documentos, páginas y suplementos publicados durante la previa y el desarrollo del Mundial.

 
En ellos se identifican entre 15 y 18 títulos centrales en las portadas de aquellos meses que construyen una narrativa progresiva: desde la expectativa inicial hasta la consagración final. Entre los encabezados aparecen frases como: “Los Quince Equipos que nos Visitan y Aspiran la Copa FIFA”,La selección en la hora de la verdad”, “Los 22 hombres que eligió Menotti” y el culminante “Después de 48 años, la Argentina volvió a escalar la cúspide del fútbol mundial”.

 
También se repiten secciones fijas como “Goleadores”, “Los Mejores” y “Tabla de Posiciones”, que organizaban la información deportiva y permitían seguir el desarrollo del torneo.

 
 
 
Entre los nombres propios, Mario Alberto Kempes aparece como la figura central. Es mencionado 17 veces en los títulos de los documentos analizados, más que cualquier otro protagonista. Sus goles y actuaciones son resaltados constantemente y su imagen aparece en numerosas “radiofotos”, una tecnología de aquel momento que permitía recibir fotografías casi en tiempo real y que el diario presentaba como símbolo de modernidad.

 
El segundo nombre más mencionado es el del director técnico César Luis Menotti, con 16 menciones. Sus declaraciones y conferencias de prensa lo muestran como el conductor estratégico del equipo y la voz autorizada del seleccionado.

 
A su alrededor aparecen otros protagonistas del plantel campeón: Daniel Passarella, Ubaldo Fillol y Leopoldo Luque, cuyos testimonios refuerzan valores como disciplina, esfuerzo y liderazgo.

 
Los países más mencionados en las páginas deportivas son Argentina, Holanda, Brasil e Italia, en correspondencia con los partidos decisivos del torneo.
 
El diario resalta un sentimiento de orgullo provincial a partir de la participación de futbolistas santiagueños en el plantel campeón.  Entre ellos se destaca Luis Adolfo Galván, nacido en Fernández y por entonces jugador de Talleres de Córdoba, quien se convirtió en una pieza clave de la defensa argentina durante el torneo; y especialmente René Houseman, presentado como quien “llega a su Santiago” convertido en “uno de nuestros campeones”, reforzando la idea de pertenencia local.

 
Uno de los aspectos comunes a los años 70 tanto en medios de comunicación como en la vida diaria del país, es una marcada ausencia de perspectiva de género. El diario no era una excepción; la presencia femenina en la  cobertura del Mundial 78, aunque existía, era mínima. Aparece en una página titulada “La mujer santiagueña y el Mundial ‘78”, donde las mujeres eran representadas principalmente como acompañantes o dentro del ámbito doméstico, reflejando los roles y miradas sociales predominantes de la época.

 
Los avisos comerciales son otro eje de la Colección. Una venta gráfica para mirar el pasado, reflejaban un marcado énfasis en el consumo de moda masculina, automóviles y materiales para el hogar. La cobertura periodística se encontraba atravesada por un alto volumen publicitario, con un promedio de cuatro a cinco avisos por página, incluyendo marcas recurrentes como Tobogo, Ford, Automotores Santiago y empresas constructoras como AION, CATINI y Minera Mojotoro, que asociaban explícitamente el desarrollo industrial con la realización del Mundial.
 
 
En un período en el que funcionaron centros clandestinos de detención y existían denuncias internacionales por violaciones a los derechos humanos, las páginas deportivas en el país construían un relato predominantemente ordenado y celebratorio.

 
Aquí el archivo también habla a través de sus silencios. En las páginas analizadas aparecen goles, formaciones, festejos y titulares épicos. Pero hay palabras que no se encuentran. No aparecen “desaparecidos”, ni “Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”, tampoco “derechos humanos”, “dictadura”, “Proceso de Reorganización Nacional” o “gobierno militar”. Mientras el Mundial era presentado como una gran fiesta nacional, esas otras realidades quedaban fuera del relato periodístico. La ausencia de esos términos no es un dato menor: revela cómo, en pleno campeonato, la cobertura deportiva construía una narrativa celebratoria que dejaba en silencio el contexto político que atravesaba al país, tal como obligaba a través de la censura y el  miedo, la Junta Militar y su red de gobernadores, intendentes y pseudoautoridades dispersos por cada rincón del país.

 
La cobertura local también buscaba generar identidad y cercanía con los festejos en la provincia, con títulos como “Santiago se sumó a la gran fiesta nacional” y la sección “Notitas desde Arroyito”, que conectaba a los lectores con la sede de Rosario. El lenguaje utilizado en las crónicas era marcadamente emocional y épico, con adjetivos que exaltaban la actuación de la selección y citas de los jugadores que reforzaban el sentimiento de esperanza y unidad nacional.

 
Analizar el Mundial ‘78 a partir del archivo de EL LIBERAL permite tener una mirada no sólo sobre cómo se vivió el acontecimiento desde el interior del país, sino también cómo la prensa provincial argentina contribuyó obligadamente a consolidar una narrativa de unidad, orden y grandeza nacional, en la que el fútbol ocupó el centro de la escena y el silencio político formó parte del paisaje discursivo, tal como presionaba a hacer el régimen de censura, opresión y miedo del momento mediante un plan sistemático de secuestros, torturas y desapariciones.



 
 
 
El Mundial ‘78 en dictadura: Videla, Massera y la presencia militar en el torneo



 
A pesar de lo antes dicho, aunque el Mundial fue organizado por el gobierno militar, la presencia de los jefes de la dictadura en las páginas deportivas del diario EL LIBERAL es relativamente limitada.

 
Jorge Rafael Videla, presidente de facto en 1978, aparece mencionado en los títulos solo en dos ocasiones. En una de ellas se informa sobre el envío de una carta al presidente estadounidense Jimmy Carter, en la que expresa su preocupación por el “terrorismo internacional”. En otra se lo menciona en el cierre de las ceremonias de inauguración del Mundial.

 
 
 
Quien tiene mayor presencia es Emilio Eduardo Massera, comandante en jefe de la Armada. El marino aparece en la inauguración del torneo en el estadio de River Plate junto a Videla, en el palco oficial del estadio de Rosario Central durante el partido entre Argentina y Perú y también en la ceremonia de premiación cuando Daniel Passarella levanta la Copa.

 
En esas apariciones Massera expresa su deseo de que la selección argentina resultara campeona y que el campeonato fuera un éxito tanto en lo deportivo como para la imagen del país.

 
El dato no es menor. La organización del Mundial estuvo a cargo del Ente Autárquico Mundial ‘78 (EAM), donde la Armada colocó como vicepresidente al capitán de navío Carlos Alberto Lacoste, responsable de administrar un presupuesto millonario. Para Massera, el torneo también representaba una oportunidad política: una plataforma para fortalecer su proyección pública dentro de la interna militar.

 
También aparece mencionado José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía, en declaraciones previas a su viaje a Rosario para presenciar el partido entre Argentina y Perú.

 
Mientras tanto, el turismo se presentaba como un indicador de éxito, con cifras oficiales que registraban 26.000 visitantes en el país. Entre los hitos históricos destacados, el diario subrayaba el gol número 1.000 en la historia de los mundiales, convertido por el holandés Robert Rensenbrink. Además, se resaltaba el uso de “radio-fotos” para la transmisión casi inmediata de imágenes y se describía al Centro de Prensa como un espacio tecnológicamente avanzado para la época, equipado con teletipos y sistemas de traducción simultánea.



 
El Mundial ‘78 en dictadura: el fútbol siempre fue un gran negocio publicitario



 
El análisis del archivo muestra que el Mundial ‘78 no fue solo un acontecimiento deportivo. También fue un gran escenario publicitario en todos los medios.

 
Los avisos de EL LIBERAL ocupaban lugares destacados en las páginas del diario y dialogaban directamente con el clima mundialista. Empresas constructoras como AION, CATINI y Minera Mojotoro se presentaban como “empeñadas en el desarrollo de Santiago del Estero”, vinculando el campeonato con ideas de progreso y modernización.

 
Otras publicidades apuntaban al consumo cotidiano. Marcas como Tobogo promocionaban moda masculina, mientras Automotores Santiago ofrecía modelos de Ford como el Falcon, el Taunus y el Fairlane. Muchos avisos incluían promociones en cuotas o sorteos especiales durante el Mundial.

 
 

También aparecían publicidades vinculadas al consumo familiar. Avisos de televisores invitaban a comprar el aparato para seguir los partidos desde casa. La compra del televisor no era solo una adquisición tecnológica: era la posibilidad de participar del acontecimiento nacional desde el hogar.


 

 
 
Las páginas incluían además anuncios de restaurantes, servicios y materiales de construcción. La Parrilla La Rueda ofrecía “almuerzo y cena especial” para ver los partidos; comercios como Bonacina o P. L. Gallo promocionaban materiales para el hogar.

 
En promedio, cada página del suplemento incluía entre cuatro y cinco avisos publicitarios.

 
La publicidad también reflejaba una marcada segmentación de género. Mientras los hombres aparecían vinculados al fútbol, los anuncios dirigidos a mujeres promovían productos de belleza, moda y servicios estéticos, como Coiffures Aída, Bárbara o Perfumería La Feria.
 

 
 
En conjunto, estas publicidades muestran cómo el Mundial de 1978 se convirtió en algo más que un torneo deportivo. Fue también un momento de consumo, modernización y construcción de identidad colectiva.



 
 
 
 
El Mundial ‘78 en Dictadura:¿Qué se esperaba de la mujer santiagueña?


 
Un viaje al archivo en clave de perspectiva de género que en la actualidad es parte cotidiana de nuestras vidas, permite comprobar que en 1978 prácticamente no existía. A pesar de todo EL LIBERAL tuvo durante el Mundial 78 un espacio para la  mujer, aunque con características interesantes de señalar.

 
¿Qué opinan? ¿Qué piensan? El miércoles 24 de mayo de 1978, EL LIBERAL, en su página 7, abrió una de las notas más importantes de la edición del día con aquellas preguntas. Hay que estar conscientes de que ese año el país vivía uno de los eventos deportivos más importantes de su historia: el Mundial de Fútbol de 1978. Aunque el torneo se celebraba bajo una dictadura militar en un contexto de censura y de miedo, la posibilidad de que Argentina saliera campeón generaba una sensación de esperanza.


 
 
 
La sección exploraba un interrogante central: «¿Qué se esperaba de la mujer santiagueña durante el Mundial?»

La nota central a una página completa, con extensión de papel sábana y un cuestionario de seis preguntas destinadas a mujeres de diversa ocupación, estaba rematada por una muy extensa línea de publicidades en los tres costados destinadas a reforzar todos los lugares comunes de los arquetipos de la época domésticos y binarios con avisos de boutique, peluquerías, pieles y perfumes.

 
«El Cuestionario»: Los límites del saber femenino

 
 
 
Las preguntas podrían pensarse como una invitación a permanecer fuera de la cancha: eran seis y estaban dirigidas a mujeres de distintos ámbitos: una locutora, una empleada de comercio, una propietaria de librería, una peluquera profesional y una estudiante. En general, oscilan entre la exaltación del espíritu nacionalista de la época y la reducción de la mujer a roles de asistencia o estética.

 
¿Qué preguntan? La más interesante podría haber sido la número 4, sin embargo no es así.

 
Pregunta 4 (Roles de Género): «¿Por qué y cuál de estas actividades le hubiese gustado desempeñar a los fines del Mundial: a) periodista; b) asistente de delegaciones extranjeras; c) ejecutiva?».

 
El planteo podría parecer interesante porque otorga a las mujeres el lugar de la palabra, sin embargo es llamativo que no incluya la posibilidad de ser «jugadora» o «técnica». Es decir, la mujer es invitada a participar desde la periferia: comunicando o sirviendo, pero nunca como protagonista del juego.

Pregunta 5 (Infraestructura y Economía): Se les consulta sobre las inversiones y obras construidas. Aquí el diario intenta interpelarlas desde otro lugar: darles una pátina de «ciudadanas informadas», pero las respuestas no terminan de dar ese giro. Suelen ser breves y están enfocadas en el «progreso» o la «buena imagen del país», alineándose con el discurso oficialista de la época.

 
Pregunta 6 (El «Corazoncito»): «Amén del corazoncito, ¿qué nación se alzará con la copa?». El término «corazoncito» es uno de los grandes problemas: infantiliza la opinión femenina, sugiere que su análisis deportivo no es técnico ni racional, sino puramente emocional.

 
Entrevistas, estereotipos y belleza

 
Norma Filas era locutora. La presentaron como representación de la voz pública. Su respuesta acerca de que el fútbol no le interesaba, pero que ahora le «atrae la trascendencia», refleja el éxito de la propaganda estatal.

 
María Montes, una empleada de comercio, resalta que el fútbol no le interesa, pero destaca la importancia de la «imagen» que el país dará al mundo.
 
Gilda Roldán, librera, aporta una visión más intelectual, destacando el «esfuerzo realizado por los argentinos».

 
Por su parte, Aida E. de Ruiz, peluquera, entrega una visión teñida por su oficio: el Mundial es para ella una oportunidad de «conocer lo que nosotros no conocemos», posiblemente refiriéndose a tendencias o estilos internacionales.

 
Es fundamental un dato: todas las entrevistas están acompañadas de retratos fotográficos que enfatizan la estética de la época: una mujer bien peinada, maquillada, con su bijouterie y prendas de vestir acordes a la moda del momento. La mujer en EL LIBERAL debía tener, ante todo, una presencia agradable a la vista.

 
Publicidad y consumo. El cuerpo como objeto de mercado

 
La publicidad que rodea los artículos deportivos es un ejemplo de «segmentación de género».

 
Mientras el centro de la página habla de un evento deportivo masivo, los anuncios laterales y del pie de página anclan a la mujer a un único segmento: consumo de belleza, moda y servicios domésticos. La lectura de los distintos anuncios en conjunto son un verdadero viaje al pasado y una visita guiada que condensan una época.

 
●        «Coiffures Aída»: Ofrece tintura, manicura y masajes. Se refuerza la idea de que la participación de la mujer en el contexto del Mundial debe ser desde la impecabilidad estética.

 
●        «Bárbara»: Vende prendas de piel natural, pulóveres y polleras. El énfasis está en la «calidez natural en tu piel». La mujer es consumidora de moda para verse bien durante el evento.

 
●        «Anfa Boutique»: Este aviso es particularmente llamativo desde el lenguaje: «Junto a la MUJER SANTIAGUEÑA en todo momento... y en todas las inquietudes femeninas». Define el Mundial como una «inquietud femenina», pero la respuesta a esa inquietud es la compra de ropa.


 
●        «Perfumería La Feria»: Con la imagen de una mujer con flores y maquillaje recargado, apela al «nivel internacional». El Mundial se utiliza como excusa para elevar el estatus del consumo local a estándares globales.

 
●        Luego hay otro. Un aviso de «Grand Turismo» para viajar a Miami y Walt Disney World. Al verlo de cerca también es una gran lupa que permite mirar de cerca toda la época: utiliza una tipografía y una estética que apela al sueño de aquella clase media argentina del «deme dos», con la mujer en la posición de la acompañante o la planificadora de las vacaciones familiares, mientras el hombre disfruta del fútbol.

 
 
La «mujer-objeto» de la nación

 
En la esquina de abajo, hacia la izquierda, aparece una ilustración en diálogo con el resto. Es una vestida con trajes típicos bajo el nombre «ARGENTINA». La imagen es una personificación de la Patria, como una figura femenina joven, pura e inocente: recurso clásico de aquel nacionalismo militar.

 
En el contexto de 1978, la imagen sirve para ocultar la violencia política bajo un manto de «dulzura» y «tradición». La mujer no es un sujeto político con actitud (agencia), sino un símbolo nacional, que debe ser protegido y que espera la victoria de sus «héroes»: es decir, los futbolistas.

 
En síntesis, la cobertura demuestra que en 1978 la perspectiva de género era inexistente en términos de igualdad en todo el país. Existía una estrategia de cooptación: se necesitaba que la mujer apoye el Mundial como una extensión del hogar y de la crianza. De alguna manera, la “Patria” también la necesitaba a ella. Su entusiasmo era necesario: legitimaba el evento puertas adentro.

 
No obstante, esta «apertura» a la opinión femenina  para que apareciera y también estaba estrictamente vigilada:

 
●        Se la mantenía en el ámbito de lo emocional, se ve «el corazoncito».
 
●        Se la reducía a la estética, es decir: la peluquería, la moda, sus fragancias.
 
●        Se la subordinaba a roles de servicios, asistente de delegaciones.

 
En definitiva, volver a la Colección permite entender que el diario ELLIBERAL funcionó como un espejo de la sociedad santiagueña de la época: conservadora, patriarcal y alineada con un discurso de unidad nacional que utilizaba a la mujer como un adorno necesario para la «fiesta de todos».
 
En ese sentido, el Mundial del ‘78, visto a través de esta página, no fue solo un torneo de fútbol, sino una reafirmación de los límites del espacio femenino en toda la Argentina de finales de los 70.

 
SILENCIOS Y OMISIONES

 
La sucesión de artículos mirados en clave de perspectiva de género, van mostrando lo que toma y lo que deja afuera. Como el resto de los medios de comunicación de la época, el diario intentó «integrar» a la mujer con estrategias como la de los cuestionarios.

 
Hoy, con el auge de la perspectiva de género y el avance de la mujer en espacios de igualdad con el hombre, se podría decir que esta sección de EL LIBERAL no fue un simple suplemento de variedades; sino una especie de herramienta de ingeniería social que buscaba que la mujer santiagueña se sintiera parte del «éxito» nacional, siempre y cuando, su participación no desafiara las jerarquías del patriarcado ni el silencio impuesto por el régimen militar, tal  y como ocurría en numerosos lugares de la Argentina de aquella época.

 
«Qué opinan, qué piensan, sobre el máximo evento futbolístico»

 
El subtítulo habla por sí mismo. Sugiere una supuesta ruptura: se les da «voz» a las mujeres sin embargo, como veremos, esa voz está mediada por una estructura patriarcal que delimita qué pueden decir y cómo deben aparecer ante el público.

 
El texto introductorio de la nota establece el tono de la relación entre el género femenino y el fútbol. El autor comienza señalando que el Mundial acapara la atención de millones, pero luego se detiene en una observación segregacionista. Nosotros nos preguntamos, ¿y las mujeres?

 
El análisis de este fragmento permite identificar varios mecanismos de exclusión. De inmediato la etiqueta de «sexo débil», mencionando explícitamente que el fútbol no debe dejar de interesar al «sexo débil».

 
Aunque el autor intenta ser inclusivo al escribir que el evento «ocupa hoy la atención y compromete a todos los argentinos», el uso de esta categoría, vista desde la perspectiva actual, reafirma la inferioridad biológica y social que la dictadura y los medios conservadores –muchos de ellos, doblegados por el PRN- promovían para la mujer: «callarla», o verla, pero que no haga ruido.

 
Cuando en la página se afirma que es necesario «ceder, ahora, la palabra a la mujer». El verbo «ceder» implica una jerarquía; la palabra pertenece al hombre por derecho natural, y por una ocasión especial (el Mundial de Fútbol), se le permite a la mujer participar del espacio público.

 
En este «espacio», el diario celebra que las mujeres santiagueñas se hayan prestado a responder «sin prejuicios». Lo anterior sugiere que el que una mujer hable de fútbol era visto como una transgresión que debía ser normalizada a través de la entrevista. Todo ello, todo este escenario de publicaciones sin la mirada femenina necesaria, ha cambiado hoy en las páginas de EL LIBERAL.

 


 
El Mundial ‘78 en dictadura: los campeones santiagueños en las páginas de EL LIBERAL



 
La historia del fútbol argentino tiene fechas que son cicatrices de alegría, y en ese sentido, para Santiago del Estero, el Mundial de 1978 es el capítulo en el que  la provincia se sentó, por derecho propio, en la mesa de los grandes. Fue a través de los jugadores que integraron el seleccionado campeón del  mundo.

 
Como ya se dijo, aquel junio de 1978 transcurrió bajo una dualidad asfixiante: mientras el país vibraba con el "papelito" y el grito de gol, la realidad nacional estaba marcada por la dictadura cívico-militar encabezada por Jorge Rafael Videla,  Emilio Massera y Orlando Agosti.

 
En ese contexto de oscuridad institucional, el fútbol se convirtió en el único espacio de comunión permitido. En las calles de la capital, Fernández, La Banda y Añatuya se gestaba un orgullo distinto al relato oficial: el de saber que en el césped del Monumental, la sangre santiagueña estaba custodiando la gloria. A través de las páginas de EL LIBERAL, reconstruimos la historia de tres hombres que marcaron una era: el silencio técnico de Galván, la picardía inolvidable de Houseman y el doloroso “qué hubiera sido” de Humberto Bravo.

 
René Houseman: "Uno de los nuestros" vuelve a casa

 
Si hay una imagen que define la conexión emocional de la provincia con el triunfo, es la edición de EL LIBERAL titulada: "Ayer llegó a su Santiago uno de nuestros campeones: René Houseman". La narrativa del diario no lo presenta como una estrella inalcanzable, sino como un hijo pródigo que regresa al barrio. El cronista lo describe con una calidez casi familiar: "No importa el título ni el puesto; ante todo, sigue siendo el René que todos conocemos, el del barrio Villa Unión".

 
La llegada de Houseman a La Banda fue un acontecimiento que trascendió lo deportivo para convertirse en un fenómeno social. El archivo captura el momento exacto en que René, lejos de los flashes de Buenos Aires, se refugia en el cariño de los suyos. En la entrevista realizada en su domicilio, rodeado de sus familiares, se percibe la esencia del "Loco". Una de las líneas más emotivas registradas en la página cuenta cómo, al abrazar a su esposa, el campeón del mundo dejó de lado la medalla para volver a ser el niño de La Banda. Las declaraciones textuales de René en aquella tarde de invierno santiagueño son una joya de humildad.

 
Houseman, que nació el 19 de julio de 1953 y nos dejó físicamente el 22 de marzo de 2018, fue el símbolo de la picardía. En el Mundial ‘78, disputó 6 partidos, siendo titular en 3 y convirtiendo un gol fundamental ante Hungría. Su ingreso en la final contra Países Bajos durante el tiempo suplementario fue el último empuje de "potrero" que el equipo necesitó para alcanzar la cima.



 
Luis Adolfo Galván: El Pilar Invisible de Fernández

Mientras Houseman era la explosión y el regate, Luis Adolfo Galván era la seguridad y el silencio. Nacido en Fernández el 24 de febrero de 1948, Galván fue, posiblemente, el jugador más regular de todo el torneo. Su presencia en las páginas de EL LIBERAL de aquel entonces, aunque a veces menos estridente que la de Houseman, es tratada con un respeto reverencial. El diario destaca su solvencia y su zaga central junto a Daniel Passarella como una "aduana infranqueable".


 
Las estadísticas de Galván en el ‘78 son, sencillamente, perfectas: disputó los 7 partidos como titular y jugó todos los minutos del torneo. No necesitó de una tarjeta amarilla para imponer respeto.

El "Maestro", que jugaba en Talleres de Córdoba en aquel momento, fue la representación de la técnica santiagueña al servicio de la defensa.

 
Su fallecimiento el 5 de mayo de 2022 dejó un vacío inmenso, pero su legado como el santiagueño con más minutos en la historia de las finales mundiales permanece intacto en nuestro archivo.

 
Humberto Bravo: El dolor de la "puerta" y el consuelo de un tal Diego

Sin embargo, el archivo de EL LIBERAL también registra las sombras y los “qué hubiera sido”. Es aquí donde aparece la figura de Humberto Bravo, nacido en la ciudad de Añatuya,  al sudoeste provincial. La historia de Bravo es una de las más agridulces del fútbol santiagueño. Siendo uno de los delanteros más letales de la década del 70 en Talleres de Córdoba, Bravo fue parte del proceso de Menotti hasta el último suspiro.


 
El 19 de mayo de 1978, apenas un mes antes del inicio, llegó la "depuración" final. Menotti decidió que el plantel debía pasar de 25 a 22 jugadores. En ese recorte, Humberto Bravo quedó fuera junto a un joven de 17 años llamado Diego Armando Maradona y a Víctor Bottaniz.


 
El análisis visual de la cobertura de la época revela que al nacido en Añatuya se le dio "escasa relevancia" en comparación con los que quedaron. El diario registra la noticia de forma escueta, mencionando que Bravo fue descartado y que su destino estaba en el fútbol español, aunque finalmente desembarcó en el Paris FC de Francia.

 
Pero detrás de la frialdad del dato, se escondía una historia humana que se rescataría años después: el vínculo de Bravo con Maradona. Tras ser desafectados, fue el propio Diego quien, en medio de su propio llanto por quedar fuera, se acercó a consolar al santiagueño.

Bravo recordaría siempre ese momento emocional como el inicio de una amistad forjada en la decepción compartida.

 
Humberto, el goleador de Añatuya, falleció el 24 de mayo de 2023, cerrando un ciclo de grandes leyendas que el destino y el fútbol unieron en aquel invierno del ‘78.


 
El contraste de la cobertura: Entre el ídolo y el profesional

 
Resulta fascinante observar cómo EL LIBERAL construyó el orgullo provincial. Mientras que a Houseman se lo abraza como a un ídolo popular ("uno de los nuestros"), a Galván se lo analiza desde la métrica del profesionalismo y a Bravo se lo despide con una sobriedad que casi duele. Esta diferencia en el tratamiento periodístico nos habla de una época donde la cercanía física (la visita de René a Villa Unión) pesaba más que la estadística pura.

 
La entrevista a René en su barrio es, quizás, el punto más alto del periodismo de cercanía de aquel año. El cronista anota detalles mínimos: el mate compartido, la sonrisa de los amigos y familiares de René, la sencillez de una casa que, por unas horas, fue la capital del mundo. "No se cree el título ni el puesto", insistía el diario, tratando de transmitirle al lector que la gloria no había cambiado al santiagueño.


 
Un legado que late en el archivo

 
A casi cinco décadas de aquella gesta, volver a estas páginas es entender que el Mundial ‘78 para Santiago fue mucho más que fútbol. Fue la confirmación de que esta tierra es capaz de parir defensores imbatibles, delanteros que bailan sobre la línea y goleadores que, incluso en la derrota de quedar fuera, saben mantener la dignidad.
 
Hoy, al digitalizar estos registros, ponemos en valor la memoria de Galván, Houseman y Bravo. Los tres, con sus diferentes matices y destinos, forman parte de la santísima trinidad del fútbol santiagueño en la primera estrella.

 
 
 
El Mundial ‘78 en dictadura: crónica del alboroto y la fe antes de la gran final


 
Domingo 25 de junio de 1978. El invierno santiagueño nunca se sintió tan cálido. No era el sol, era el pulso de una provincia que, al igual que el resto de la Argentina, vivía en un estado de trance colectivo. Sin embargo, ese calor convivía con el frío clima político de la dictadura militar de Jorge Rafael Videla, donde el control social marcaba el ritmo de la vida cotidiana.

 
Las páginas amarillentas de EL LIBERAL de aquel entonces no solo guardan tinta; guardan el eco de las voces de una ciudadanía que, frente a la inminencia de la final contra Holanda, decidió abandonar la cautela impuesta por el miedo y entregarse a la esperanza del triunfo. Bajo el titular "Sobre la gran final, opinan los santiagueños", el diario se convirtió en el confesionario de un pueblo que, en medio de la opresión, encontró en el fútbol una grieta por donde expresar su identidad.

 
El veredicto de la calle: La construcción de la unanimidad

 
Al analizar las entrevistas realizadas por la redacción de EL LIBERAL en las vísperas de la final, se observa un esfuerzo por construir una imagen de "unanimidad asombrosa". No había lugar para el pesimismo; el optimismo no era solo un sentimiento, sino un deber cívico en un Santiago que necesitaba validarse ante el país.

 
Sin embargo, un análisis objetivo de las fuentes revela sesgos marcados en la selección de los entrevistados. La mayoría de los testimonios pertenecen a un estrato social medio-alto o profesional, y se percibe una preeminencia de voces masculinas adultas para los análisis "técnicos". Los periodistas evitaron entrevistar a sectores de estratos sociales vulnerables o trabajadores manuales en sus entornos cotidianos, prefiriendo el pulso del centro de la ciudad. Asimismo, las voces disidentes o simplemente apáticas al fenómeno deportivo brillan por su ausencia: en 1978, no estar "subido" al Mundial era, periodísticamente, una forma de invisibilidad.

 
Cándido Teófilo Lastra resumía la confianza ciega del momento con la sobriedad del hombre de ciudad: "Argentina, sin lugar a dudas. La campaña realizada avala mi pronóstico". Por su parte, José M. Cantizano elevaba la apuesta hacia lo simbólico, afirmando que Argentina ganaría porque "está de por medio el honor nacional". Para estos entrevistados, la mística del equipo local volvía a los jugadores invencibles, transformando un partido de fútbol en una cuestión de Estado.

 
Voces femeninas: Intuición y límites

 
La fe también se vistió de una "intuición femenina" que el diario categorizó de forma distinta a la opinión masculina. Mientras los hombres hablaban de táctica, las mujeres eran consultadas desde la esperanza familiar. La Sra. de Delgado expresaba con sencillez: "Creo que ganamos nosotros. Con un poco de suerte y jugando como contra Perú, seremos los campeones". En sus palabras se lee la referencia al polémico triunfo previo, que funcionó como combustible espiritual. Enriqueta de Sandes, por su parte, depositaba su confianza en las individualidades: "Le tengo mucha confianza a Luque y hará algún gol". Estos testimonios, aunque valiosos, refuerzan la idea de que la mujer era vista como una espectadora emocional, alejada del análisis estratégico del juego.

 
La mirada del futuro: Los estudiantes secundarios

 
Uno de los bloques más fascinantes del archivo es el titulado "CON ESTUDIANTES SECUNDARIOS". Aquí, ELLIBERAL capturó la voz de jóvenes que visitaron el diario con sus uniformes, pero con la cabeza en el estadio de RiverPlate. Alumnos de la Escuela de Comercio, el Colegio del Centenario y la ENET Nº 2 mostraron una madurez moldeada por la época.

 
Los jóvenes no solo hablaban de goles, sino de la imagen internacional de la Argentina. Un estudiante de apellido Abalde reflexionaba: "Logramos borrar la mala imagen que tenían de nuestro país. ¿Qué más importante que eso?". Este comentario es una joya histórica; revela cómo incluso, aunque no todos, muchos adolescentes habían internalizado el discurso oficial de que el Mundial era la herramienta para contrarrestar las críticas externas al régimen militar.

 
Finalmente, al ser consultados sobre el legado del torneo, la respuesta fue unívoca: una sensación de fraternidad y el descubrimiento del deporte como un "lenguaje universal de paz". En un Santiago bajo vigilancia, los estudiantes secundarios —uno de los sectores más vigilados por la dictadura— encontraron en estas entrevistas un espacio inusual para hablar, aunque fuera a través de la metáfora de la pelota, sobre la unión y el futuro. EL LIBERAL trató de abrir algunos espacios en medio de  la opresión.

 
 
El sesgo social impuesto por la dictadura

 
Al observar este registro histórico con una mirada objetiva, es posible identificar a pesar de todos los esfuerzos, un marcado sesgo en la selección de las fuentes: se evitó entrevistar a personas de sectores rurales profundos, trabajadores informales y voces que cuestionaran el gasto o la oportunidad del evento.

 
La representatividad que construyó el diario fue estrictamente institucional, buscando el testimonio en escuelas prestigiosas y vecinos reconocidos para dar una legitimidad incuestionable al apoyo popular.

 
De esta manera, el archivo nos devuelve la imagen de un Santiago que el poder de la Dictadura, con su política de censura y el terror de sus acciones, deseaba mostrar: unido, institucionalizado y sin fisuras frente a la gran cita mundialista. Para lograr el objetivo, la Junta Militar desplegó una gigantesca maquinaria propagandística (“Los argentinos somos derechos y humanos”), impuso una fuerte censura, en medio de la cual se prohibieron las críticas al gobierno y se persiguieron a periodistas, estudiantes, trabajadores y militantes políticos.

 
La existencia de jóvenes desaparecidos hizo irrumpir en la  historia a las luego denominadas Madres de Plaza de Mayo, quienes junto a personalidades exiliadas y algunas organizaciones de derechos humanos de fuera del  país, criticaron el desarrollo del mundial 78 en medio de tanta muerte, opresión y falta de libertad. Dentro del país y, sobre todo, en las provincias alejadas de Buenos Aires, centro del  poder de la Junta Militar, era en ese momento sumamente difícil  y hasta a veces suicida, intentar levantar la  voz. Lo mismo ocurría en los medios de la  propia Buenos Aires.


 
Con todo, pasado el Mundial 78, en los años sucesivos, algunos medios de comunicación comenzaron a encontrar las formas y los resquicios para visibilizar parte de lo que estaba pasando. Ello derivó en más desapariciones y mayor censura En el caso de EL LIBERAL, algunas de sus publicaciones fueron clave en el posterior juicio de las juntas militares, tal como lo recuerda Cristina Torres, miembro de la Asociación por la Memoria, la Verdad y la Justicia, sobreviviente y ex presa política.
 
Las páginas de EL LIBERAL de 1978 muestran dos realidades muy diferentes: por un lado, la legítima emoción de gran parte del pueblo ante el desarrollo de la  contienda deportiva que culminó con el  campeonato del mundo; y por otro, el enorme poder de la censura y el terror impuesto por una organización siniestra. Volver sobre sus publicaciones representa no sólo un ejercicio necesario de memoria sino por sobre todas las cosas, el reconocimiento de un trágico momento de nuestra historia que no se debe repetir jamás.

 
 
 
 
 
 
 
Cómo investigamos el Mundial 78 en el archivo de EL LIBERAL

 
 
La investigación sobre el Mundial de 1978 surgió a partir de una experiencia de trabajo con Google Pinpoint, una herramienta de Google diseñada para explorar y analizar grandes colecciones de documentos. La propuesta fue  experimentar con la plataforma y desarrollar un trabajo de investigación a partir del archivo de EL LIBERAL.

 
 
En ese contexto, la consigna era elegir un tema que resultara significativo y utilizar los documentos del diario para analizarlo. La primera idea fue abordar la presencia de futbolistas santiagueños en los mundiales. Pero luego el enfoque comenzó a desplazarse hacia otro lugar.

 
 
El archivo del diario ofrecía una oportunidad interesante: revisar cómo se había narrado el Mundial de 1978, un torneo histórico tanto en lo deportivo como en lo político, ya que se disputó durante la última dictadura militar en la Argentina. Además, el análisis coincidía con una fecha significativa: el 24 de marzo de 2026 se cumplen 50 años del golpe de Estado de 1976, hecho que dio inicio al período conocido como el Proceso de Reorganización Nacional.

 
 
El proceso de investigación se realizó principalmente a partir de archivos impresos. Se revisaron numerosas publicaciones del diario correspondientes a distintos mundiales como los de 1978, 1986 y hasta el campeonato de 2022 en Qatar,  incluyendo ediciones diarias y suplementos. A partir de ese material se analizaron decenas de páginas y se seleccionaron aquellos documentos que presentaban mejores condiciones de conservación y mayor relevancia para el estudio.

 
 
La metodología incluyó el relevamiento de títulos, protagonistas y secciones recurrentes, el conteo de menciones de jugadores, entrenadores y personalidades de la época, el análisis del lenguaje utilizado en las crónicas y la identificación de elementos como la publicidad, las fotografías y los discursos que atravesaban la cobertura del torneo.

 
 
Entre los hallazgos más significativos apareció la centralidad de figuras como Mario Alberto Kempes y César Luis Menotti en la narrativa deportiva, el orgullo provincial generado por la participación de futbolistas santiagueños como Luis Adolfo Galván y René Houseman, y la fuerte presencia de avisos publicitarios vinculados al clima mundialista.

 
 
La investigación permitió redescubrir el valor del archivo histórico del diario y comprender cómo se vivió y se narró el Mundial desde el interior del país.

Recuperar ese material hoy no solo permite revisar el pasado, sino también poner en valor documentos periodísticos que forman parte de la memoria colectiva de la provincia.

Santiago del Estero, Argentina
EL LIBERAL S.A.
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